"Estúpido diario:
Una vez más vengo a llenar tus silenciosas y pulcras páginas con mi sed de escapar. Irónico, buscar apoyo en algo capaz de escuchar, pero nunca de darme una respuesta lo suficientemente consistente.
En fin, mi vida se resume -como siempre - en odio, rumores y tabaco. Mucho tabaco. De echo un cigarro anda bailando entre mis labios. Mi mechero se niega a prenderlo, pero, qué cojones, ya no me quedan uñas que mordisquear. Tampoco paciencia.
Tengo el corazón mudo y la ironía no para de gritar. Las horas se ríen a sus anchas en mi cara y los segundos recomiendan una huida. Lejos. No tengo ganas de rendirme - servirles mi derrota en bandeja-, no soy un cobarde. No soy un cínico. Prefiero refugiarme en un par de líneas y alcohol barato. Aparentar, sonreírles con odio y reírles los absurdos... Me odian, con razón. Me asquean, estamos empate. La constante lucha entre lo que está bien y lo que no, la perfección, lo que rigen las estúpidas normas. No soy un hombre social, soy un solitario, un poeta, un auténtico loco.
Mi cigarro ya es cenizas, ella se fue gritándome dobleces y el frío de julio se ha estacionado en el lado derecho de mi cama, pero... ¿qué narices te importará a ti mi ruinosa vida, estúpido diario? A nadie le importa, nadie es la excepción."