Me hablas de días azules,
de sueños sin corazón.
Me narras estúpidos cuentos,
de amor sin
sangre y carbón.
Y es que hoy minutos sin sal
queman inviernos de cera.
Si yo pedí ser guitarra,
¿por qué me hiciste canción?
Si yo pedí ser ausencia,
sin cadencia, sin sabor.
Silencio.
Y partes, y me partes
este alma sucia y sedienta,
dejándome en
los huesos
cuando el fuego no calienta
ni las palabras cobijan.
Y me arañas con reproches,
con muros
suicidas,
mudos.
Mas no ironices con los ojos
ni dispares sin palabras,
que apuntando en mi costado
desangraste mis sentidos.
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