Duración media del llanto,
tres minutos.
-Julio Cortázar
(Instrucciones para llorar)
tres minutos.
-Julio Cortázar
(Instrucciones para llorar)
Piérdase usted en las razones laberínticas que le conducen al mero acto de sentarse (o recostarse, o tumbarse, o lanzarse) tras el límpido cristal de una ventana. Respire. A continuación, y sólo después de darse cuenta del absurdo que se esconde en tratar de racionalizar las voces del corazón, enfoque con su pupila más allá del vidrio de las gafas de su casa. (Si todavía no se conoce y termina por enmarcar un bonito primer plano, se perderá tratando de encontrar la sombra del viento. Entonces vuelva al primer paso: perderse). Respire. No mire el coche, ni el asfalto, ni el tejado anaranjado del vecino de su izquierda. Respire. No se estrelle en la risa de los críos parloteando en las calles, ni en el cielo, ni en aquel jardín cercado con flores de primavera.
Respire.
Mire el acto desenfrenado de huir de aquellas ruedas en busca del puro amor, la tibia soledad que abraza la carretera cuando el sol cierra la puerta, el artista en su buhardilla creando oniria en sus lienzos. Respire. Colisione entre los sueños pueriles que crean verano eterno, en los ojos que nos cuidan desde el bien de su pasado, en la fuerza y la belleza que es la esencia de la tierra.
Respire.
Llegado a este punto puede cerrar las cortinas y seguir soñando despierto.
No olvide repetir el acto de mirar por la ventana cada vez que sus entrañas suspiren.