Espejos.
Sus reflejos, que son
crueles,
que me hunden
como un barco.
¿Cómo te muestra tu espejo?
¿Te mata con tu figura
tan mediocre como el resto?
¿Te absorbe tus fantasías?,
¿te obliga a ser otro tú?
Espejos.
Espejos y sus palabras.
¿Por qué me grita ¡cobarde!
cuando mis ojos son eco?
Porque me insulta,
lo juro,
me ve oscura, transparente.
Me asusta,
lo prometo,
sentir mi cuerpo en su
imagen
que me degrada y marchita.
Espejos.
Espejos sin compasión.
¡Que te alejes!
No me rompas como al sol,
no me hagas no ser yo.
No me duelas,
ni me arañes
como si el mundo girase
pero sin mi dirección.
Espejos.
Espejos y sus llantos.
Los escucho cada noche,
lo aseguro.
En cuanto la luna alumbra
sus ojos se vuelven agua,
se vuelven ríos de odio
que recorren sus mejillas
como una caricia inversa.
Espejos.
Espejos y mi cabeza.
Porque ahora somos uno
en este estúpido juego
en el que él me dicta normas
con un as en cada espera,
y yo cumplo su castigo,
sin más cartas
que mi voz.
Paula

