Porque la soledad me come y me transforma en esto: un ser
loco por un cuerpo que solo sabe vaciar su alma a cada paso.
Así, cada día
menos cuerda. Estoy perdida en esta mierda. En este mundo que no me ve porque
no quiere hacerlo. Al igual que unos ojos verdes, que un día asesinaron y hoy
se cuelan en mis noches. Exactamente idéntico a los del extraño que ahora me
muerde con sus versos, con su poesía rota y su mirada de vapor. Casi, casi
igual a cada palabra de sus labios que prefiere ser cantada para otras cuatro
Julietas.
Nunca ser suficiente, a veces, consume. Apaga. Araña. Mata.
Idéntico a perder el norte por el son de sus zapatos, por un
sur que jamás baila.
Casi, casi parecido al sueño de ser un sueño que se asome
por tu almohada, mientras miras otros ojos, borracho, inconsciente, en el
alféizar de tu ventana.
Porque en
tormenta soy rayo, de esos de imagen fugaz pero sonido atronador más a tus ojos
soy una maldita –y constante- sombra, de esas que joden cada precioso día de
estío.
Y no pido que me
escribas, ni siquiera que me pienses, ni un vals, ni tu olor sobre mi ropa.
Tampoco una noche en vela, ni tres canciones de insomnio.
Solo exijo que escuches estos ojos,
que solo saben morir.

No hay comentarios:
Publicar un comentario