Os prometo que a veces
pasa.
Que te encuentras con la música mirándote tan bonito a los ojos que caes
rendido a sus notas. Y ya no vuelves a caminar sin poder andar de su mano. Y
sentirla como si nunca se fuera a perder, como si siempre la fuera a buscar
para poder encontrarme.
Os prometo, de corazón, que a veces pasa.
Que descubres
tu sentido entre unas cuerdas y un do.
Entre un micrófono que te mira y te sugiere verano.
Entre un compás de sobra en una canción inventada.
Y tu vida da un giro de 720º.
Y te sientes tan libre escupiendo a las cadenas de la realidad con un par de melodías desafinadas, que nunca quieres salir de este sueño de cartón. Que te completa y te hace ser más tú que cuatro cervezas de más. O que dos amores de menos.
Porque te protege y te aulla cuando todos los demás solo saben gritar. Y su ruido se transforma en humo cuando tienes la certeza de que hoy dormirá, y soñará, y renacerá en cuanto cierres los ojos. Y en cuanto los vuelvas a abrir.
Porque te conoce desde el centro e implora lo más oculto de lo que solemos llamar alma. Que en mi caso es más correcto decir música.
Y nunca jamás vuelves a ser el mismo.
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