Todavía resuena el tic tac golpeado fuerte en sus ventanas.
No sé qué tipo de pacto hizo vender su libertad y cambiar su vida por la imprecisión de no conocerse y nunca dejar de correr. Quizás la culpa fue de los relojes, que no supieron pararle.
Quizás nunca quiso saber quién era.
Solo pretendía embaucarnos en su historia, mirarnos a los ojos con ternura y después escupirnos en la cara. Hacernos cómplices de su juego y abandonarnos. Dejarnos tan solo –tan solos- con su recuerdo. Con su recuerdo que escuece. Y araña. Y sabe a sucio y a rotos entre los dientes.
No sé qué tipo de pacto nos hizo firmar una despedida eterna. Ya nunca sabré ser igual que hace apenas un segundo. Y ya he vuelto a cambiar tres veces desde que escribí que jamás supe ser la misma. Y ahora ya soy otra. Ni si quiera me parezco a la persona que era entre el suspiro y el silencio que me acabo de tomar antes de continuar añorando no haber sabido abrazar cada instante de mi vida.
Él se aleja. Se aleja de mí. Y de vosotros también.
Nunca supo ser de nadie.
Nos dejará en los huesos y se reirá de todos aquellos infelices que no supieron volar entre sus cielos. Se reirá de los poetas, de los amantes, de los sinrastro. De hecho quizás ahora mismo se ande burlando de alguna mirada triste que desperdicia su compañía entre preguntas sin cabeza y algún corazón cansado que jamás supo querer. O de mí. De mí sin ti. Sin nadie.
Sin él.
Sin el tiempo.
Que se aleja y con él nuestras respuestas.
Que se arrojó al vacío y nosotros firmamos su adiós.
El tiempo, que se fugó.
Y nosotros
tenemos
la culpa.
Los relojes, en definitiva, son otro instrumento suicida.
martes, 23 de septiembre de 2014
martes, 16 de septiembre de 2014
Nunca he sabido escribir. Ni amar tampoco.
Ya solo sabía escuchar tus pasos tristes
acariciando la acera
mientras corrías,
tan fuerte,
tan lejos,
tan solo,
que nunca volví a soñarte.
Porque existen precipicios
menos largos que este olvido.
Y este olvido es menos largo
si te veo
sin tus versos,
sin mis besos.
Con tu sed
de alcanzar la noche
y hacerla vivir de nuevo.
Con tu sed de nunca amar.
Ya solo sé escuchar tu bienvenida
-o inventarla-
aunque ni siquiera existas.
Aunque seas otro cuento
de esos que saben llorar
y esperar a que me caiga.
Aunque apenas seas eso:
un susurro,
un secreto.
Un
instante.
Un
jamás.
martes, 2 de septiembre de 2014
#MovimientoPauesía
"POETAS DEL MUNDO, sacad vuestros mejores versos.
El reto consiste en colorear esta gama de grises que cubre nuestra cuidad de polvo. En borrar caras largas aunque sea por un segundo, en satisfacer la curiosidad del observador, en hacer de este mundo algo más bonito."
Así es como @Miryyy19 habla a toda persona dispuesta a colaborar en este pequeño reto que hoy supone #MovimientoPauesía.
Es fácil: consiste en escribir cualquier verso que signifique algo grande para ti y colocarlo en alguna zona de tu cuidad. No hay reglas, eres tú quién decide de qué color quieres pintar este mundo cada vez más contaminado con gamas oscuras y tristes. Solo pedimos una cosa: inmortaliza el instante con una foto firmada con el hastag #MovimientoPauesía y pide que, si bien ese verso le ha sacado una sonrisa grande o le ha llegado de manera especial al afortunado destinatario de tu poema, lo suba también a twitter. Así conseguiremos, poquito a poco, sacar la cultura a la calle, llenar de versos (y mucha magia) cada esquina, y en definitiva, hacer de este mundo un lugar donde los soñadores encuentren su hogar haciendo sonreír a tantos otros.
Ese es el objetivo: eliminar con las palabras los días tristes de la faz de la tierra, ahogar el ruido de las calles, hacer que la poesía se cargue de magia y dispare en el centro de todos aquellos que sin darse cuenta, un día en el que el mundo parecía estar patas arriba, encontraron un pequeño papel que giró el rumbo de su vida.
"La poesía huye, a veces, de los libros para anidar extramuros, en la calle, en el silencio, en los sueños, en la piel, en los escombros, incluso en la basura."
- Joaquín Sabina
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