Ya solo sabía escuchar tus pasos tristes
acariciando la acera
mientras corrías,
tan fuerte,
tan lejos,
tan solo,
que nunca volví a soñarte.
Porque existen precipicios
menos largos que este olvido.
Y este olvido es menos largo
si te veo
sin tus versos,
sin mis besos.
Con tu sed
de alcanzar la noche
y hacerla vivir de nuevo.
Con tu sed de nunca amar.
Ya solo sé escuchar tu bienvenida
-o inventarla-
aunque ni siquiera existas.
Aunque seas otro cuento
de esos que saben llorar
y esperar a que me caiga.
Aunque apenas seas eso:
un susurro,
un secreto.
Un
instante.
Un
jamás.
No hay comentarios:
Publicar un comentario