miércoles, 1 de octubre de 2014

Borrador.

Me creció Octubre en la mirada.
Las hojas secas ya no respiran.
Las ramas crecieron y los remiendos desgarran. En guerra.
Duelen, duermen, duelen. Otra vez.  
Sangran tinta negra y empapan mi inocencia. 
Me escondo entre recuerdos y vuelvo a cerrar los ojos. 
Será mejor coser los rotos antes de que regrese la tormenta.

Desde la estación de los derrotados todo se ve diferente.

Nunca nadie me enseñó a andar por la humedad de un corazón descalzo que deambula por las calles en busca de un nuevo hogar. Nadie fue capaz de señalar mi destino final: el no saber ser delante de tantos ojos-espejo que me miran con desgana.

Se me hizo bien difícil aprender a decirlo: Te quito. Te quiebro. Te hiero. Quieto. Sin la T.
Cualquiera. Quiera. Sin ti. No es querer.

Sin ti  ya no me acuerdo. 
Aunque nunca fueras más que desierto. Y yo vacío.  
Todo el mundo lo sabe: mentira elevado a candor da lugar a soledad. Esta claro que las matemáticas nunca fueron lo mío.

Olvidar con tanta facilidad está pasando factura. 
Recordar, respirar, recordar
Comerme mis palabras.
Vender cada Otoño a unos brazos sin retorno terminará germinando sombras.
Caminar, sin sentir.
Caminar.
Inventar que todavía existes.

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