Me creció Octubre en la mirada.
Las hojas secas ya no respiran.
Las ramas crecieron y los
remiendos desgarran. En guerra.
Duelen, duermen, duelen. Otra
vez.
Sangran tinta negra y empapan mi
inocencia.
Me escondo entre recuerdos y vuelvo a cerrar los ojos.
Será mejor
coser los rotos antes de que regrese la tormenta.
Desde la estación de los derrotados
todo se ve diferente.
Nunca nadie me enseñó a andar por
la humedad de un corazón descalzo que deambula por las calles en busca de un
nuevo hogar. Nadie fue capaz de señalar mi destino final: el no saber ser
delante de tantos ojos-espejo que me miran con desgana.
Se me hizo bien difícil aprender
a decirlo: Te quito. Te quiebro. Te hiero. Quieto. Sin la T.
Cualquiera. Quiera. Sin ti. No es
querer.
Sin ti ya no me acuerdo.
Aunque nunca fueras más que
desierto. Y yo vacío.
Todo el mundo
lo sabe: mentira elevado a candor da lugar a soledad. Esta claro que las matemáticas nunca fueron lo mío.
Olvidar con tanta facilidad está pasando
factura.
Recordar, respirar, recordar.
Comerme mis palabras.
Vender cada Otoño a unos brazos
sin retorno terminará germinando sombras.
Caminar, sin sentir.
Caminar.
Inventar que todavía existes.
No hay comentarios:
Publicar un comentario