lunes, 13 de abril de 2015

Castillos de arena


Las oportunidades son como castillos de arena en una playa de todos. Se derrumban y vuelven a renacer con el fugaz parpadeo de la ilusión de un niño asustado.
Por eso he abierto la puerta a un camino con vistas al sentir de un corazón muerto de frío. Y por eso te alejo.
(Piensas que el alba de las mañanas abriga tus manos tensas más que amores del pasado y solo hablas del perdón que se esconde en el olvido. Que las páginas que no se leen no trascienden por no ser más que montones de historias en un mar de consecuencias. Hablas del lógico orden de los días como el esquema adecuado para ver arder la luna cada tarde en el salón. De observar las acuarelas del cielo cuando bosteza a milésimas de hacerse niño de nuevo tumbados entre tus cejas. Quieres buscarnos en retratos de pared que murieron nada más ser terminados y encontrarnos en el absurdo del cine que te hace caer dormido.)

Te alejo. Porque no hay ojos más bonitos que aquellos que dan flores en octubre y pintan cuadros de oleajes en corazones de piedra. Y nunca quise cambiarte.

(Pienso que el calor de los comienzos es suficiente respuesta para abrazar el silencio suave y sentir como me arrastra cualquier destino que me acoja . Que los cuentos de utopías mueven corazones pobres y hacen magia entre el temor dictatorial. Hablo del presente y de cómo el tiempo baila con cada jornada difuminando su nombre. De guardar entre los párpados el último aliento de los lunes y reciclar el sabor torpe de los martes. Y quiero perdernos en una canción de nadie y revivir en melodías que solo nuestros secretos conozcan.)

Te alejo, porque tus ojos son de octubre sin color y tus cuadros de barcos a la deriva. Son el castillo en la orilla de una puntual cabeza que te aguarda. Y jamás sabrán ser míos.


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