"Y allí la vi, estaba sola como de costumbre. Parecía perdida en los cálidos colores del atardecer, en las formas esponjosas de las nubes, o quizás en los surcos que dejaban los aviones al partir. Parecía totalmente sumida en otro mundo, en su mundo. Acariciaba las cuerdas de la guitarra mientras tarareaba casi en susurro alguna canción de música folk. Y así, con un do abierto y una mirada perdida terminó su concierto para nadie. Alzó la vista para presenciar la emigración de una enorme bandada de pájaros. Era su mirada. Ese profundo y penetrante océano de dudas sin resolver la que la delataba. Sin apenas conocerla, pondría mi mano en el fuego y apuesto a que no me quemaría si dijera que ella no perdería la oportunidad de vivir en marte si eso fuera una opción. Era diferente. Ni modas, ni tendencias, ni popularidad. Si hay algo que he aprendido de ella es que a las personas más grandes les mueve su corazón, que en esta sociedad en la que vivimos es demasiado fácil lo de dejarse llevar por nuestra cabeza. Y si es fácil, no merecerá la pena nunca.Dicen que que no cree en el amor, pero más de una vez he visto un corazón pintado encima de su mesa. Parece una persona fuerte y llena de valor, pero la vida le hace llorar de vez en cuando. Era libre de sonreír, en lo bueno y en lo peor, y eso era lo que más me gustaba de ella. Un día me dijo que la vida es un juego, y aquí cuanto más malo más ganas, pero que los bondadosos cambiaríamos el mundo, y que verdad más grande." - Un final sorprendente para una novela tan sencilla, pensé. Finalmente y con decisión, guardé el tomo en mi pequeña biblioteca personal, no sin cargar encima la extraña sensación de que en unas cuantas líneas habían relatado la historia de mi vida.
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