lunes, 18 de marzo de 2013

LGE



Yo tengo un héroe. 
No pienses en un apuesto joven. Ni en un chico de revista. Tampoco es una estrella del rock ni sabe tocar la guitarra. Quizás no es el prototipo de héroe que cualquier adolescente pueda soñar. 
Mi héroe tiene los pies en el suelo pero sabe sonreírle a los problemas. Vive aferrado sin darse cuenta a la calidez de sus palabras, al encanto de su voz y al poema en su mirada. Alberga un mundo de literatura, cine, música  y arte (mundo al que, gracias a Dios si es que hay alguien ahí arriba,  me ha dejado abierta la puerta de par en par) no sin tener siempre en cuenta que el ruido está presente en un solo abrir y cerrar de ojos. 
Mi héroe es la persona más opuesta a esta sociedad de absurdos que conozco, y eso sin duda alguna es lo que más me gusta de él. No busca gustar a nadie, solo querer y ser querido, y de lo segundo puedo estar segura de que no le falta. Tiene el corazón más grande que he podido tener el placer de conocer y, aun que no pare de repetir que es viejo, a sus aproximadamente treinta y muchos es la persona más joven y honesta que conozco.

Lo último que quiero decir que es que mi héroe no es perfecto, se enfada, es pesado, puntual hasta decir basta y canta fatal, pero es mi padre, mi ídolo, y le quiero como a nadie.


Feliz día del padre (aun que ese sean todos), "héroe".

P

lunes, 11 de marzo de 2013

1757



Esa constante necesidad de ser diferentes es la que nos lleva a ser todos iguales, vacíos por dentro y tan llenos por fuera. 







sábado, 9 de marzo de 2013

EN TIERRA DE NADIE



Un nuevo estallido de bomba abrió mis ojos en otro gélido amanecer de 1915. El miedo se respiraba en la trinchera mientras las nubes amenazaban de lluvia. Mis labios tiritaban, quería creer que de frío. Miré a mi alrededor, quizás era la última ocasión de sentir la presencia de mis queridos compañeros. Mi valentía se esfumaba a medida que se acercaba el momento de que tres acribillantes palabras me atravesaran como balas: “¡Saltad la trinchera!”. 

No quería salir y encontrarme cara a cara con la muerte. Tener que quitarle la vida a una persona que, probablemente como yo, no tenía ni la menor idea de que estaba haciendo allí. Me sorprendí rezando como nunca antes había hecho, suplicándole a Dios que me llevase de vuelta a casa, -en silencio- pidiendo a gritos que un proyectil no me alcanzase. Así entre ruegos y oraciones salí de aquel cobertizo, y me vi solo, desnudo ante miles de cuerpos que buscaban su salvación. Pude ver como otros militares caían, me enfrenté a la mirada de terror y cansancio que dominaba a aquellas vidas que prácticamente habían llegado a su fin. Pude ver sangre, dolor, rifles sin dueño. 


Y al final la supuesta recompensa, de nuevo en la trinchera. 

De nuevo las pesadillas se apoderan de mis sueños que al despertar, como día tras día, se harán realidad.
                                                                             

viernes, 1 de marzo de 2013

Una prosa de lluvia.




"Recuerdo como si fuera hoy mismo el cielo transparente de las tardes de verano. La calidez de tus abrazos. Los secretos de nadie. Recuerdo también como el frío apareció en  tus labios. La distancia se hizo grande. Los deseos se esfumaron. Las gotas de lluvia todavía bailan en mi ventana. Bailan como nosotros solíamos hacerlo, tímidas en un principio y fundidas un solo cuerpo al finalizar la noche. Pero al calentar el sol por la mañana, cada una sigue su camino, se separan para no volver a verse jamás. Y el invierno se siente frío de nuevo. Vuelve el dolor. Regresa la melancolía, la rutina. Así como nuestro amor. Amor de ciegos que se esfumó en un abrir y cerrar de ojos. Se evaporó como unas indiferentes gotas de lluvia. Amor cansado. Amor de idiotas."
P