martes, 29 de octubre de 2013

Capítulo 17

Se abrieron entre chirridos las puertas y entré en el vagón. Todavía recuerdo bien como por aquel entonces el constante y banal murmullo de los demás pasajeros se me hacían insignificantes. Me encantaba aquel lugar en el que mi imaginación volaba a través de los brillantes paisajes que se observaban detrás de la enorme y fría cristalera. El trayecto fue ligero hasta bien pasada la tarde.
 Y entonces la noche. Y el frío. Y los sueños sin dueño que buscan acurrucarse en alguna cuerda cabeza. 
Y este montón de chatarra que no avanza. La incomprensión y la soledad. 
Y al fin el amanecer, el revivir de nuestras almas después de un mal trago para beber. 

Sin embargo hoy el sol se ve tímido entre espesas nubes, los pájaros emigran y todavía son las ocho de la mañana y el café cargado no espera sobre mi mesa. Observo atenta desde mi ventana; cada día más tentadora, a cada paso más cruel.


De vez en cuando pienso que habrá una parada que marcará mi camino, que encontraré un compañero de viaje y que viviré de las pocas monedas que me de la poesía. De vez en cuando pienso que no habrá parada, ni camino. Que desaparecerá mi acompañante y mis versos serán cenizas, al igual que mis manos y mi pluma.


Y es que pensar en futuro del indicativo, desde este tren donde cada segundo pesa un gramo más que el anterior, se ha convertido en un vicio.






(*Reflexión obtenida a partir de la lectura de un breve fragmento de 'La elegancia del erizo' de Muriel Barbery*)

domingo, 20 de octubre de 2013

De alma rota (II)


En ese instante en el que el amor se ató la soga al cuello, llegase.
Disfrazando este vacío,
aclarando esta densa niebla,
sacando brillo a esta mirada gris, muerta.

Llegaste como el beso mudo que nadie espera.
               como el café caliente en cada sueño roto de otoño.
                  como el aliento libre en unos pulmones demacrados por tabaco barato.

Y las pupilas frías que clavadas en aquel recuerdo,
atentas observaban,
tornando negras las noches...
hoy se han esfumado.

Porque llegaste,
esquivando precipicios,
y me salvaste,
ojos
tristes.

Sí que lo hiciste.

domingo, 6 de octubre de 2013

De alma rota. (I)

Foto: Eva Navarro


Vamos a salvarnos, 
ojos tristes,
mientras forjamos senderos ocultos entre nuestros brazos. 
Fundidos,
ayer dos y hoy un único alma
que se fortalece con el suspiro de tu risa.




Vamos a salvarnos,

ojos tristes.
rompamos las cadenas que me atan 

a la falsedad de este sucio amor y huyamos;
lejos. 
Llévame donde el sol prometió a la luna 
brillar cada mañana 
y haz lo mismo conmigo.


Vamos a salvarnos,

ojos tristes, 
de esta fría soledad que penetra 
como un eterno enero, 
de la amargura,
la eterna espera, 
de la no existencia.

Ven, ojos tristes. 

Sálvame.

P17