En ese instante en el que el amor se ató la soga al cuello, llegase.
Disfrazando este vacío,
aclarando esta densa niebla,
sacando brillo a esta mirada gris, muerta.
Llegaste como el beso mudo que nadie espera.
como el café caliente en cada sueño roto de otoño.
como el aliento libre en unos pulmones demacrados por tabaco barato.
Y las pupilas frías que clavadas en aquel recuerdo,
atentas observaban,
tornando negras las noches...
hoy se han esfumado.
esquivando precipicios,
y me salvaste,
ojos
tristes.
Sí que lo hiciste.
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