Quemaste otoños,
helaste
estíos,
tomando
prestados los colores del jardín,
cerrando
la puerta,
abriendo
una ventana:
muerta,
intimida
todavía en los días de tormenta.
Curioso
transportar
recuerdos,
un
ardiente sol de enero,
las
promesas menos firmes
y
las más recias mentiras,
tus
besos,
mis
manos,
un
extraño corazón,
en
un alma quebradiza
que
se fue sin despedirse.
Oh,
extraños.
Escribo
textos distantes,
grises,
hipócritas.
Textos
apartados,
silenciosos,
que
palpan este dolor
y
solo saben decir:
“para
los eternos enamorados:
la
soledad
y
mi colchón”
¿Y
qué hiciste con mi amor,
con
los gestos extraviados
y
la libertad latente?
Las
enterraste en tu mirada,
en
tus labios,
en
tu voz.
Por
eso
hoy
quemo otoños,
hoy
hielo estíos.
Hoy
no queda rastro de los sueños del jardín.
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