Todavía atada a un par de errores jugados de mala manera en una infernal partida de póquer, en la que sin darme cuenta, robaste la victoria con mi as de corazones.
Todavía rota, con lluvia en los ojos y unos cuantos porqués a medias.
Me puse una soga al cuello y te inventé cada noche, sabiendo que si todo se complicaba me podría dejar caer, y así terminar con esta tortura para siempre. Me haría un favor. Te lo haría a ti. Pero no tuve el valor. Y transformé el criterio en banalidad. Las palabras en hipocresía. Las canciones en silencios.
Odiaba tu manera de simplificar cada detalle, transformaste tus prejuicios y mis versos. Versos rotos, desgarrados. Versos tristes, asqueados. Versos para nadie, o para todo el mundo.
Viajando en este círculo vicioso de vacío y soledad, caí en la cuenta, de que quizás sobrevivir, sea la encantada historia de amor que tanto andaba buscando y que nunca conseguí encontrar.
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