lunes, 8 de diciembre de 2014

Donde habitan mis esquinas.



«Te has perdido». 

Cuento esquinas en el mar.

Es imposible perder la cuenta
si me fijo
en cada sombra
de cada palabra
sobre cada boca
a cada prisión.
La libertad fue la mía.

«Te has perdido». 


No es posible recomponer el silencio
de un corazón necio
que se rompió de un suspiro.
Sí es posible recomponer el silencio
de un corazón néctar
que se limpió de un suspenso.

«Te has perdido». 


He caído 
-otra vez-
en esta piedra
que me sacudió el añejo
que me saludará el porvenir
que me suscribe el presente.

«Pero,

¿cuántas nubes dices contar
para que el cielo comente
la carrera de tus días?»


He caído.
A más de cien.
De nuevo.
Me he perdido.

Estoy perdida.





martes, 25 de noviembre de 2014

Une valise sans voyages.


Para el niño, enamorado de láminas y mapas,
el universo es igual que su hambre ilimitada.
¡Ah, qué grande es el mundo a la luz de la lámpara!
¡Y qué pequeño el mundo para los ojos de la memoria!
BAUDELAIRE

La luna entierra en sigilo el dolor de los cuchillos del pasado.
Aparcar el corazón dos silencios a la izquierda de un amor sin conclusiones que voló con la tormenta.
Borrachos de realidad invadiendo nuestras calles y robándole a Madrid el incendio de sus noches.
Un mal recuerdo en los labios y el ruido de tantos coches huyendo del sordo miedo que ilumina la ansiedad.
La desdicha de mi afecto que sólo busca mis letras cuando sostienen su nervio en los ojos del ayer.
La soledad del momento.
Una etapa bien violenta.
Un cohete que no espera.
Mi navío sepultado.

No me esperes.

No lo hago.

Mi voz
reside
en tu adiós.

domingo, 16 de noviembre de 2014

A Tesla le robaron.


(La paz no se consigue sin esfuerzo:
si quieres la paz, trabaja por la paz)

 





Exposición: Historia de las telecomunicaciones.

Exposición: Historia de las telecomunicaciones.

Exposición: Nicola Tesla
Exposición: Nicola Tesla
En la fotografía: Marta Esteban


+

(Madrid, otoño y su magia un 16 de Noviembre, 2014)


domingo, 2 de noviembre de 2014

Antónimo de casa: hogar.


Mi casa es ladrillo y cemento. Es pintura, alguna puerta. Más de tres habitaciones y un aseo por planta.
Mi casa son cuadros que sonríen desde paredes en blanco. Música en los altavoces. Las noticias apagadas.
Mi casa es un tejado a dos aguas, escaleras, más de un piso.
Mi casa es donde resido, pero nunca será mi hogar.

Vivo, en realidad, en la quinta avenida de unos ojos que me dejaron sin sueño(s), más concretamente en la tercera planta de un recuerdo que me colocó delante del filo de su balcón para arrojarme al vacío cada febrero enamorado. Desde toda ventana de esta cálida morada se vislumbra allí a lo lejos un paisaje de canciones, y cada día, entre ellas, los mejores instantes iluminan la ciudad para bostezar de noche convirtiéndose en poemas ansiosos de romper muros.
Vivo, por lo tanto, en un n(h)ombre que no me dejó ser suya. Por eso se manchan las estancias de tristeza en fechas determinadas, las que me obligan a verme (sin verte) y duele en cada rincón, pero es abrir las memorias y volver a ser de magia (y ojalás coronando los pájaros de esta cabeza en pleno desenfreno.)
Habito también de vez en cuando en libros sinceros que me resguardan del odio con corbata que recorre nuestras calles. Las palabras son mi manta y los versos la película en los domingos marrones.
En una guitarra fiel que me deja pasearme por sus cuerdas sin farolas, trastearla sin mentiras, afinarla a mis pasiones; me escondo. En una guitarra paz y sol y rojo y cielo. En una guitarra que nace canciones y me expulsa los fantasmas que no me dejan dormir.

Mi hogar no es más que un él
(sin mi),
que un mar
(sin él)
que un sol
-intermitente-
que calienta estas palabras
sin ser jamás un nosotros.

Pero nunca será mi casa.

jueves, 30 de octubre de 2014

Fin de un amor. La noche aguarda.

Vicente Aleixandre

Si se pudiera medir este vacío en kilómetros no existiría carretera lo suficientemente larga como para poder recorrerme por dentro.
Guardo tantas horas de soledad en la mirada que ya no puedo contarlo en días. Ni años. Ni siquiera en rotos. 
Quizás sólo las despedidas me entiendan. 
Soy experta en irme sin dejar rastro, y algún día vendrá cualquier tonto preguntándome cómo ha de hacer las maletas en corazones ocupas y escupiré una tormenta porque es lo que llevo dentro. Mis propios ojos me delatan: no soy más que un alma errante que sólo entiende escapar. Y volver de vez en cuando para rascarme el orgullo y limpiar el gris de mis zapatos.

Se me caen los sentimientos
por el filo de unas escaleras
que nunca
-nunca-
reconducen.
Y comprender esta película de enfermos de superficie me sabe a cuento pasado. Nos hablan en cada acto de envilecer el amor con pronombres en tercera persona, como si sólo existiera un él que vive por y para una exclusiva ella. Y ambos dicen ser primera persona del plural y yo, pronombre solitario y asustado, no encuentro mi otro yo para despejar esta ecuación incompleta.
Como si llevasen el amor tatuado en el destino. 
Como si ponerle candado a un corazón fuera 
-realmente- 
amor. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

Borrador.

Me creció Octubre en la mirada.
Las hojas secas ya no respiran.
Las ramas crecieron y los remiendos desgarran. En guerra.
Duelen, duermen, duelen. Otra vez.  
Sangran tinta negra y empapan mi inocencia. 
Me escondo entre recuerdos y vuelvo a cerrar los ojos. 
Será mejor coser los rotos antes de que regrese la tormenta.

Desde la estación de los derrotados todo se ve diferente.

Nunca nadie me enseñó a andar por la humedad de un corazón descalzo que deambula por las calles en busca de un nuevo hogar. Nadie fue capaz de señalar mi destino final: el no saber ser delante de tantos ojos-espejo que me miran con desgana.

Se me hizo bien difícil aprender a decirlo: Te quito. Te quiebro. Te hiero. Quieto. Sin la T.
Cualquiera. Quiera. Sin ti. No es querer.

Sin ti  ya no me acuerdo. 
Aunque nunca fueras más que desierto. Y yo vacío.  
Todo el mundo lo sabe: mentira elevado a candor da lugar a soledad. Esta claro que las matemáticas nunca fueron lo mío.

Olvidar con tanta facilidad está pasando factura. 
Recordar, respirar, recordar
Comerme mis palabras.
Vender cada Otoño a unos brazos sin retorno terminará germinando sombras.
Caminar, sin sentir.
Caminar.
Inventar que todavía existes.

martes, 23 de septiembre de 2014

Qué crueles son los relojes.

Todavía resuena el tic tac golpeado fuerte en sus ventanas.

No sé qué tipo de pacto hizo vender su libertad y cambiar su vida por la imprecisión de no conocerse y nunca dejar de correr. Quizás la culpa fue de los relojes, que no supieron pararle.

Quizás nunca quiso saber quién era.

Solo pretendía embaucarnos en su historia, mirarnos a los ojos con ternura y después escupirnos en la cara. Hacernos cómplices de su juego y abandonarnos. Dejarnos tan solo –tan solos- con su recuerdo. Con su recuerdo que escuece. Y araña. Y sabe a sucio y a rotos entre los dientes.

No sé qué tipo de pacto nos hizo firmar una despedida eterna. Ya nunca sabré ser igual que hace apenas un segundo. Y ya he vuelto a cambiar tres veces desde que escribí que jamás supe ser la misma. Y ahora ya soy otra. Ni si quiera me parezco a la persona que era entre el suspiro y el silencio que me acabo de tomar antes de continuar añorando no haber sabido abrazar cada instante de mi vida. 

Él se aleja. Se aleja de mí. Y de vosotros también.
Nunca supo ser de nadie.

Nos dejará en los huesos y se reirá de todos aquellos infelices que no supieron volar entre sus cielos. Se reirá de los poetas, de los amantes, de los sinrastro. De hecho quizás ahora mismo se ande burlando de alguna mirada triste que desperdicia su compañía entre preguntas sin cabeza y algún corazón cansado que jamás supo querer. O de mí. De mí sin ti. Sin nadie.

Sin él.

Sin el tiempo.
Que  se aleja y con él nuestras respuestas.
Que se arrojó al vacío y nosotros firmamos su adiós.

El tiempo, que se fugó.
Y nosotros
tenemos
la culpa.

Los relojes, en definitiva, son otro instrumento suicida.

martes, 16 de septiembre de 2014

Nunca he sabido escribir. Ni amar tampoco.

Ya solo sabía escuchar tus pasos tristes
acariciando la acera
mientras corrías,
tan fuerte,
tan lejos,
tan solo,
que nunca volví a soñarte.

Porque existen precipicios
menos largos que este olvido.
Y este olvido es menos largo
si te veo
sin tus versos,
sin mis besos.
 Con tu sed
de alcanzar la noche
y hacerla vivir de nuevo.

Con tu sed de nunca amar.

Ya solo sé escuchar tu bienvenida
-o inventarla-
aunque ni siquiera existas.
Aunque seas otro cuento
de esos que saben llorar
y esperar a que me caiga.
Aunque apenas seas eso:
un susurro,
un secreto.
Un instante.


Un jamás.

martes, 2 de septiembre de 2014

#MovimientoPauesía


"POETAS DEL MUNDO, sacad vuestros mejores versos.
El reto consiste en colorear esta gama de grises que cubre nuestra cuidad de polvo. En borrar caras largas aunque sea por un segundo, en satisfacer la curiosidad del observador, en hacer de este mundo algo más bonito." 

Así es como @Miryyy19 habla a toda persona dispuesta a colaborar en este pequeño reto que hoy supone #MovimientoPauesía.

Es fácil: consiste en escribir cualquier verso que signifique algo grande para ti y colocarlo en alguna zona de tu cuidad. No hay reglas, eres tú quién decide de qué color quieres pintar este mundo cada vez más contaminado con gamas oscuras y tristes. Solo pedimos una cosa: inmortaliza el instante con una foto firmada con el hastag #MovimientoPauesía y pide que, si bien ese verso le ha sacado una sonrisa grande o le ha llegado de manera especial al afortunado destinatario de tu poema, lo suba también a twitter. Así conseguiremos, poquito a poco, sacar la cultura a la calle, llenar de versos (y mucha magia) cada esquina, y en definitiva, hacer de este mundo un lugar donde los soñadores encuentren su hogar haciendo sonreír a tantos otros.
Ese es el objetivo: eliminar con las palabras los días tristes de la faz de la tierra, ahogar el ruido de las calles, hacer que la poesía se cargue de magia y dispare en el centro de todos aquellos que sin darse cuenta, un día en el que el mundo parecía estar patas arriba, encontraron un pequeño papel que giró el rumbo de su vida.  

"La poesía huye, a veces, de los libros para anidar extramuros, en la calle, en el silencio, en los sueños, en la piel, en los escombros, incluso en la basura."
- Joaquín Sabina



viernes, 29 de agosto de 2014

SE BUSCA

Hace tiempo perdí el corazón en brazos equivocados,
y ahora
solo
hay 
invierno.


Por eso:
SE BUSCA UN AMOR DE ESTÍO.
(Nada de ojos esmeralda y piel de color jazmín)

Si ven ustedes un hombre de colores,
que viste de ilusiones
y de sueños hace días;

si van por la calle andando
y les para una sonrisa
preguntando por amar;

si encuentran una guitarra
que transporta dos veranos,
mil segundos,
y el destino que perdió;

si abren la ventana, lluviosa,
y hay un loco paseando
sin paraguas,
sin razón;

si ven a un tonto sentado
viajando a otro planeta
y pensando en otro sol;

si leen versos rabiosos,
de alguien nunca aceptado
que solo gritan la paz;

si existe un hombre planeta
que sepa besar de día
y de noche matar guerras;

si ven un amor de estío
con ojos de sed de nada
y corazón de mucho más

avísenme, urgente.

Llamen a los bomberos,
a los vecinos.
Sorprende a quien duerma en calma,
a las calles y su magia,
al artista despistado.
Despierta a la noche oscura
y al escritor rezagado;
y diles,
que Paula,
(de nuevo),

encontró su poesía.

lunes, 28 de julio de 2014

Extremos.

Nunca.
Nunca he sentido el calor del odio recorriendo mis entrañas como un disparo seco. Aunque lo jure por mis palabras
jamás.
es
verdad.

Verdad que se pierde buscando un fin más allá de cualquier medio que me haga llegar a ser justicia y casi, casi, libertad.
Libertad que impide diferenciar entre un corazón de incendio y cualquier amor mediocre. Pero ni siquiera quiero hacerlo. Porque 
mis ojos
son
ciegos.

Ciegos, como perder la cabeza siendo absolutamente consciente de que no quiero encontrarme. Pero me gusta mi caos. Y no sabéis entenderlo.
Enteder porqué no puedo besar sin sentir huracanes en el pecho. O tocarte y quitarte los miedos sin una señal de stop entre ambos cuerpos.
Cuerpos que piden saber porqué he de vender mi soledad a cualquier extraño que me compre con eneros sin rencor y algún verano sin guerras.

Siempre.

Siempre he sentido el frío del amor carcomiendo cada rincón de mi alma como un disparo seco.
Aunque
piense (fuerte)
que el amor es imposible.


Extremos.

jueves, 10 de julio de 2014

Manual sobre el amor.



Todo lo que nunca supimos del amor encerrado entre palabras.

Desde tus manos sinceras rozándome el pelo (pocas veces el corazón) hasta mis versos de nadie tan maquillados de ti que incluso lo creíste. Pero te lo aseguro: nunca fueron tuyos

Nunca tuvieron dueño, y si lo hicieron, ya nunca más.
Nunca te escribí
(Aunque siempre lo hice)
Lo prometo. Lo juro. 
Lo hago cada día como si realmente fuera cierto. Y acabo por creerlo y por creerte. Acabo por perdonarte y por suicidarme entre recuerdos.

Y es que es triste, tristísimo, acercarme a mis palabras y verlas temblar sin dueño, sin pasiones, sin canción.
Nunca más, te lo aseguro, romperé mis folios por una sombra cobarde. Ni tú romperás los tuyos. Porque no me vas a querer… ni siquiera necesito que lo hagas. Soy así de hipócrita y... carismática al mismo tiempo. Lo sé. Es muy fácil pensar que soy igual que el resto. Pero ni unos labios me anestesian ni tú piel me sienta bien. 
(Aunque si que lo hagan.)

No me cueles en tus sueños. Ni recuerdes mi sonrisa, ni mi cabello enredado en tus dedos. Porque yo no lo haré contigo. 
(Aunque si que lo haga.)

Estaré mejor esperando una tormenta de estío -que nunca llega-entre guitarras y libros. Y soñaré cómo unas nubes me atrapan, y me hacen llorar por dentro. Porque yo no quiero tú sol, ni tu jardín lleno de rosas. Yo necesito las espinas y la sombra de otro loco sin sombrero. 
Casi –casi- como yo.
No me apetece enamorarme.
Todavía no sé enamorarme,
¿dónde están las instrucciones?


sábado, 5 de julio de 2014

La palabra olvido es mentira.


La palabra olvido es mentira.

Olvido es tratar de olvidar.
Cuando olvidar ni siquiera existe.

Olvidar es borrar,
           desdibujar,
           invertir el sentido de todo lo que un día quisimos.
Olvidar es independizarse del corazón,
                          de su misión
                          y sus secuaces.
Y ¿quién es capaz de afirmar que hoy no siente?
De afirmar que no palpa el ayer como si realmente fuera más que eso:  
ayeres que construyen un presente, 
que mañana será ayer
para hacer un 
nuevo                      futuro.

La palabra sentir es olvido.
Y recordemos,
que la palabra olvido,
nunca es verdad.

Paula

sábado, 14 de junio de 2014

#Musique

Os prometo que a veces pasa.

Que te encuentras con la música mirándote tan bonito a los ojos que caes rendido a sus notas. Y ya no vuelves a caminar sin poder andar de su mano. Y sentirla como si nunca se fuera a perder, como si siempre la fuera a buscar para poder encontrarme. 

Os prometo, de corazón, que a veces pasa. 

Que descubres tu sentido entre unas cuerdas y un do.
             Entre un micrófono que te mira y te sugiere verano. 
             Entre un compás de sobra en una canción inventada.

Y tu vida da un giro de 720º. 
Y te sientes tan libre escupiendo a las cadenas de la realidad con un par de melodías desafinadas, que nunca quieres salir de este sueño de cartón. Que te completa y te hace ser más tú que cuatro cervezas de más. O que dos amores de menos.
Porque te protege y te aulla cuando todos los demás solo saben gritar. Y su ruido se transforma en humo cuando tienes la certeza de que hoy dormirá, y soñará, y renacerá en cuanto cierres los ojos. Y en cuanto los vuelvas a abrir.
Porque te conoce desde el centro e implora lo más oculto de lo que solemos llamar alma. Que en mi caso es más correcto decir música. 

Y nunca jamás vuelves a ser el mismo. 

lunes, 26 de mayo de 2014

¡Peligro de pasado!


O el reloj contó las horas al revés o la pólvora quemó mis días.

Me explico: miren ustedes cómo pasea el pasado, frustrado, con la esperanza esperando y el tiempo en tempestad. Tan sucio y sediento de amor que todavía le tiemblan las piernas al escuchar su nombre. Su nombre, que convierte cada nube de sus ojos en una gota de ácido que marchita los instantes. Cht, tampoco miren con tal descaro. Y andaos con más cuidado, que sus ojos son tan frágiles como un silencio desnudo.
Pasado remienda heridas y tapa –a veces- recuerdos. Los esconde como un niño guarda una infancia fugaz. Los esconde, bien al fondo, en el cajón de reproches junto a sueños y entre cartas; pero yo los he encontrado. Porque si se fijan en su mirada (que solo sabe llorar) se detecta que el camino nunca consiguió alinearse. Que su yo huyó bien lejos, a un corazón más puro. Menos cobarde.  Más cuerdo. ¡Fíjense, panda de estúpidos! ¿Acaso no ven como su sonrisa es gris y escupe odio? Y por ahí anda, dando las 'malas tardes'  a cada alma enamorada y pisando los talones al presente con desdén.
¿Cómo que quién narices es ese? 
Está bien, está bien… presentemos al presente. Presente es una cometa que nunca aprendió a volar. O quizás más bien la llave sin cerradura. La canción sin sentimiento. El sol… pero sin calor. Presente, es el niño-sombra que solo sabe hablar de ayer, que se ató a la bandera de unos ojos con vigía y que sostuvo la tortura del cinismo de unos labios que sabían a temor. 
No lo entienden, ¿verdad? ¡Que el amor le ha vuelto ciego! Y parece que a ustedes también.

Presente sueña en pasado, cuando futuro le ama.

Pero futuro se esconde, detrás de un alto muro, esperando a su presente con la esperanza vacía. Y los sueños a medias. Y las sonrisas perdidas. Porque futuro teme amar. Teme que el calor de la experiencia le deje insulso y solitario. Que el invierno siempre venga cuando el lápiz es verano. Y lo enturbie todo con su nieve. Y nunca más vuelva a sentir la calefacción de un libro. O la silueta de una estrella… ¡Que futuro solo teme acabar siendo pasado!
Al igual que yo lo hago, y ustedes también lo hacen… quítense ya ese antifaz
Y ahora siento cómo el lunes se repite después de un intenso martes, cómo una bala atraviesa mi ironía y se ahoga en mis propias respuestas. Cómo el pasado cascarrabias me persigue como a un iluso en un callejón sin salida. Pero sobretodo, cómo el futuro me mira con tanto miedo al amor, que hasta en los huesos lo siento.

Y ustedes también lo hacen.

No lo vuelvan a negar.  

Paula

lunes, 14 de abril de 2014

El monstruo de mi reflejo


Espejos.

Espejos y sus reflejos.
Sus reflejos, que son crueles,
que me hunden
como un barco.

¿Cómo te muestra tu espejo?
¿Te mata con tu figura
tan mediocre como el resto?
¿Te absorbe tus fantasías?,
¿te obliga a ser otro tú?

Espejos.

Espejos y sus palabras.
¿Por qué me grita ¡cobarde!
cuando mis ojos son eco?
Porque me insulta,
lo juro,
me ve oscura, transparente.
Me asusta,
lo prometo,
sentir mi cuerpo en su imagen
que me degrada y marchita.

Espejos.

Espejos sin compasión.
¡Que te alejes!
No me rompas como al sol,
no me hagas no ser yo.
No me duelas,
ni me arañes
como si el mundo girase
pero sin mi dirección.


Espejos.

Espejos y sus llantos.
Los escucho cada noche,
lo aseguro.
En cuanto la luna alumbra
sus ojos se vuelven agua,
se vuelven ríos de odio
que recorren sus mejillas
como una caricia inversa.

Espejos.

Espejos y mi cabeza.
Porque ahora somos uno
en este estúpido juego
en el que él me dicta normas
con un as en cada espera,
y yo cumplo su castigo,
sin más cartas

que mi voz.

Paula

lunes, 7 de abril de 2014

Nunca es mi día


Hoy, como de costumbre, nunca es mi día.

Porque la soledad me come y me transforma en esto:  un ser loco por un cuerpo que solo sabe vaciar su alma a cada paso. 
Así, cada día menos cuerda. Estoy perdida en esta mierda. En este mundo que no me ve porque no quiere hacerlo. Al igual que unos ojos verdes, que un día asesinaron  y hoy se cuelan en mis noches.  Exactamente idéntico a los del extraño que ahora me muerde con sus versos, con su poesía rota y su mirada de vapor. Casi, casi igual a cada palabra de sus labios que prefiere ser cantada para otras cuatro Julietas.

Nunca ser suficiente, a veces, consume. Apaga. Araña. Mata.

Idéntico a perder el norte por el son de sus zapatos, por un sur que jamás baila. 
Casi, casi parecido al sueño de ser un sueño que se asome por tu almohada, mientras miras otros ojos, borracho, inconsciente, en el alféizar de tu ventana.  
Porque en tormenta soy rayo, de esos de imagen fugaz pero sonido atronador más a tus ojos soy una maldita –y constante- sombra, de esas que joden cada precioso día de estío.  
Y no pido que me escribas, ni siquiera que me pienses, ni un vals, ni tu olor sobre mi ropa. 
Tampoco una noche en vela, ni tres canciones de insomnio. 


Solo exijo que escuches estos ojos, 
que solo saben morir.